Las empresas que necesitan conseguir financiación y aumentar su capital para realizar nuevos proyectos que requieren una suma importante de dinero o, simplemente, continuar con su negocio, dividen su capital social en lo que llamamos acciones.

Las acciones representan una parte proporcional del capital social de una sociedad anónima, otorgando a sus tenedores la calidad de socio propietario de la misma, en proporción a su participación. Esta condición de asociado conlleva tanto un conjunto de derechos, como una serie de responsabilidades asociadas al ejercicio de los mismos. Las acciones una vez emitidas, se pueden comprar y vender a través de los mercados, para el caso español, en el Mercado Continuo y sus índices (como el Ibex 35, que agrupa las 35 empresas de mayor capitalización y liquidez del Mercado Continuo). El resultado de esa compra/venta es la cotización de las acciones (su precio), el punto donde la oferta (vendedores) y la demanda (compradores) coinciden.

Todo accionista es propietario de la empresa de la cual tiene acciones, con sus derechos a dividendo, voto en junta y sus deberes, así como en caso de que la empresa declarara un concurso de acreedores, al ser el propietario, sería el último en cobrar bajo la ley concursal.

Todo en un broker.
Todo en un gran banco.