
Las ventas minoristas registraron en septiembre un tímido avance de +0,1% frente a +0,2% estimado y 0,0% anterior (revisado a la baja desde +0,2%). Aunque la desaceleración se debe en buena medida al menor gasto en estaciones de servicio por la caída en el precio de la gasolina, también se han producido caídas en las ventas de alimentación, electrónica y tiendas online, por lo que la pérdida de impulso del consumo es sustancial.
Prueba de ello es que las ventas excluyendo autos y gasolina se han mantenido estables (0,0% frente a +0,3% estimado) y el grupo de control, que excluye compras relacionadas con alimentación, autos, gasolina y reformas domésticas y se utiliza para el cálculo del PIB, descendió -0,1% frente a +0,3% estimado y +0,2% anterior (revisado desde +0,4%).
En consecuencia, los menores precios de la energía no están estimulando el consumo, sino un mayor nivel de ahorro de los consumidores en una fase de incertidumbre por las recientes caídas del mercado bursátil y los efectos negativos de la desaceleración en los emergentes.
Por otra parte, los precios de producción sufrieron en septiembre la mayor caída desde el mes de enero, con un retroceso de -0,5% frente a -0,2% estimado y 0% anterior. Con este descenso, la tasa interanual se sitúa en -1,1% frente a -0,8% estimado y anterior.
La tasa interanual subyacente se frena desde +0,7% hasta +0,5%, lo que pone de manifiesto que los precios bajos no se limitan únicamente a energía y materias primas. En conjunto, son datos negativos para el mercado, aunque la ausencia de presiones inflacionistas puede ser interpretada como una poderosa razón para que la Fed no suba los tipos de interés.
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