Este contenido ha sido elaborado con finalidad informativa y educativa, teniendo la información facilitada en el mismo carácter meramente ilustrativo. La información suministrada no debe en ningún caso considerarse asesoramiento financiero, ni en materia de inversiones, fiscal, legal o de cualquier otro tipo, ni debe ser entendida como una recomendación para realizar operaciones, ni constituirá la base para una toma de decisión en una dirección determinada.
El patrimonio financiero de los hogares españoles ha crecido con fuerza en los últimos años, impulsado esencialmente por el ahorro y la buena evolución de los mercados. Sin embargo, hay un activo cada vez más presente en las carteras de los inversores de otros países y que se echa en falta en casi todas las de los españoles: los activos alternativos.
Carteras cada vez más grandes… pero construidas con los mismos activos
Y es que el destino del patrimonio financiero de los españoles apenas ha cambiado en los últimos años en España. Así, sigue distribuido en torno a productos más o menos líquidos, como cuentas y depósitos, combinados con una creciente inversión en renta variable (acciones) y renta fija (bonos), ya sea a través de inversión directa o fondos de inversión tradicionales.
El problema es que cuando una parte significativa del patrimonio se concentra en un mismo mercado financiero, muchos factores de riesgo tienden a actuar de forma simultánea —tipos de interés, inflación, decisiones de bancos centrales o episodios de volatilidad macroeconómica—, impactando en gran parte de la cartera al mismo tiempo.
Para combatir esa concentración, invertir en el largo plazo y complementar los patrimonios descorrelacionándolos de los mercados tradicionales, cobran sentido los activos alternativos como un complemento a las carteras de inversión y una nueva vía para diversificar el ahorro.
¿Qué es exactamente la inversión alternativa y por qué apenas se habla de ella?
Hablar de inversión alternativa es hablar de invertir en activos que forman parte del funcionamiento diario de la economía. Por ejemplo, residencias de estudiantes con una demanda constante, hoteles situados en zonas de alta demanda turística, plataformas logísticas que sostienen el comercio global, explotaciones agrícolas que abastecen la cadena de alimentación, empresas tecnológicas a la vanguardia y/o parques energéticos que generan electricidad, entre otros. Proyectos que generan empleo y valor a través de su actividad y su uso, y cuyo comportamiento no depende de las subidas y bajadas diarias de los mercados financieros.
Ya se llame activos alternativos, activos reales o activos privados, este tipo de inversión -reservada históricamente a grandes patrimonios - permite que muchos inversores particulares puedan invertir en proyectos empresariales tangibles y potencialmente creadores de un notable valor.
El primer paso es entender cómo funciona
La inversión alternativa se concentra, por definición, en activos y proyectos privados, normalmente no cotizados, gestionados bajo una lógica empresarial y financiera profesionalizada y con un horizonte temporal de largo plazo.
Por este motivo, en este tipo de inversiones no es relevante únicamente el activo, sino quién lo selecciona, quién lo gestiona y quién toma las decisiones clave a lo largo de la vida del proyecto. A diferencia de los mercados cotizados —donde el precio y la liquidez marcan el ritmo—, en la economía real el valor se construye con el tiempo y exige experiencia, criterio y capacidad de gestión continuada.
Esta lógica explica por qué la inversión alternativa ha ido ganando peso en las carteras de inversores institucionales, personas con altos patrimonios y, ahora también, particulares, no como sustitución de la inversión tradicional, sino como una forma de complementarla, incorporando activos con menor dependencia de las cotizaciones diarias de los mercados.
Según estimaciones de Preqin, una de las principales firmas internacionales de análisis de activos alternativos, el volumen global de este tipo de inversiones podría situarse cerca de los 20 billones de dólares en 2028, lo que supondría multiplicar por más de cuatro su tamaño en poco más de una década.

Fuente: Preqin
Una inversión con una perspectiva diferente
Uno de los rasgos diferenciales de la inversión alternativa respecto a los activos más tradicionales tiene que ver con la liquidez. Las inversiones en proyectos empresariales suelen implicar compromisos a largo plazo para poder completar el ciclo de la inversión, lo que supone para los inversores asumir la iliquidez durante ese tiempo.
Lejos de ser una desventaja en sí misma, esta característica forma parte de su naturaleza. Por lo tanto, este tipo de productos no son adecuados para perfiles con necesidades de liquidez a corto y medio plazo.
El tiempo es una variable implícita en todo proyecto empresarial: Identificar oportunidades, ejecutarlas, desarrollarlas y, cuando corresponde, desinvertir para obtener las esperadas plusvalías.
Por este motivo, la inversión alternativa debe entenderse como un elemento más dentro de una cartera global, en la que cada inversor decide qué porcentaje de su patrimonio puede destinar a ese horizonte temporal sin comprometer otras necesidades financieras, y teniendo en cuenta la posibilidad de pérdida total o parcial del capital invertido.
Democratización de la inversión alternativa entre clientes patrimoniales y particulares
Durante mucho tiempo, la inversión alternativa estuvo reservada casi exclusivamente a grandes patrimonios e inversores institucionales, debido a la escala y a la capacidad de análisis necesarias para construir carteras diversificadas de este tipo de activos. En los últimos años, el desarrollo de estructuras con gestión delegada ha permitido ampliar el acceso a estos activos a inversores particulares.
Más artículos relacionados
¿Cómo funciona la inversión en activos reales o alternativos? ¡Conócelo!
Inversión alternativa: 8 preguntas para saber si encaja en tu patrimonio
En el mercado español, Bankinter Investment, la gestora especializada del Grupo Bankinter,se centra en inversión alternativa y mercados privados.

