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Foto editada con IA: Michael Woodford y Robert E. Hall

El Premio Nobel de Economía de 2026 recae en Robert E. Hall y Michael Woodford

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14.10.2026

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Robert E. Hall, profesor de la Universidad de Stanford (California), y Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia, han sido galardonados con el Premio Nobel de Economía de 2026, cuya denominación oficial es Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.

¿Cuál es su aportación al conocimiento de la economía?

El jurado del premio ha reconocido las aportaciones de los galardonados al desarrollo de nuevos modelos macroeconómicos que permiten diseñar y aplicar medidas fiscales y monetarias destinadas a estabilizar la economía.

Las fluctuaciones económicas —desde las contracciones y el estancamiento hasta el sobrecalentamiento— han sido siempre motivo de preocupación para los economistas.

Tradicionalmente, las políticas para hacer frente a estas situaciones han consistido en estimular la economía durante las recesiones, mediante la reducción de los tipos de interés por parte de los bancos centrales y el aumento del gasto público, aunque esto último pueda incrementar el déficit. Por el contrario, en los periodos de sobrecalentamiento se han aplicado medidas de signo opuesto para moderar la actividad económica.

Sin embargo, en determinados momentos de la historia, estas fórmulas no han dado los resultados esperados: no han conseguido reducir suficientemente el elevado desempleo, uno de sus principales objetivos, y la inflación ha persistido en niveles altos. Estos fracasos contribuyeron a desacreditar las políticas de estabilización y pusieron de manifiesto la necesidad de desarrollar nuevos enfoques.

Los economistas premiados retomaron el estudio de las políticas de estabilización desde una perspectiva diferente. Frente a los planteamientos anteriores, centrados casi exclusivamente en grandes magnitudes macroeconómicas —como las tasas de desempleo e inflación, la producción, el consumo o el crecimiento del PIB—, propusieron prestar mayor atención a las decisiones individuales de los agentes económicos.

Robert E. Hall y Michael Woodford han contribuido al desarrollo de modelos económicos que permiten comprender mejor cómo diseñar políticas de estabilización eficaces

Estos modelos parten de una base microeconómica: estudian las decisiones de los hogares y las empresas y analizan cómo, a través de sus acciones, estas influyen en el funcionamiento general de la economía.

Los modelos de esta naturaleza se utilizan en el análisis y el diseño de políticas monetarias por parte de los bancos centrales, así como en la evaluación de las políticas fiscales de los gobiernos. Durante la crisis financiera mundial iniciada en 2007-2008, los avances en el análisis macroeconómico y en el diseño de políticas económicas contribuyeron a mejorar la respuesta de las autoridades.

A los economistas se les suele asociar con la corriente neokeynesiana. Sus modelos, sin embargo, buscan explicar los resultados macroeconómicos a partir de las decisiones individuales de hogares y empresas, es decir, construyen la explicación económica de abajo arriba.

«Los resultados económicos son consecuencia de millones de decisiones tomadas a nivel micro por hogares y empresas. Al utilizar modelos basados en este enfoque, en lugar de estudiar la economía únicamente desde una perspectiva macroeconómica, como si se contemplara desde una visión panorámica, la investigación de Hall y Woodford ha generado un cambio de paradigma en la teoría de la política de estabilización».

Un componente fundamental de estos modelos es que los hogares y las empresas tienen en cuenta sus expectativas de futuro al tomar decisiones sobre el ahorro, la inversión o los precios de los productos. Cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esas expectativas y orientar las decisiones de los agentes económicos, contribuyendo así a encauzar la economía.

Desde su desarrollo, los modelos macroeconómicos que incorporan estas expectativas han resultado útiles para analizar las recesiones y evaluar las posibles respuestas de las autoridades económicas.

Según Woodford, «las autoridades no deberían considerar la estabilización de la economía como un ejercicio en el que unas pocas personas accionan palancas para controlarla, con independencia de lo que la población entienda al respecto».

En esta misma línea, Woodford ha defendido la importancia de que los bancos centrales comuniquen con claridad la orientación futura de su política monetaria. En sus palabras, «hacer declaraciones más explícitas sobre la probable trayectoria futura de la política de tipos de interés, en lugar de confiar únicamente en la posibilidad de reducirlos de inmediato, fue una parte importante de la respuesta de política económica a partir de 2009».

Esta postura contrasta con la de quienes se muestran más reticentes a que los bancos centrales ofrezcan orientaciones explícitas sobre sus futuras decisiones de política monetaria. Este sería el caso del actual presidente de la FED, Kevin Warsh, que se ha mostrado contrario a que la institución practique la “orientación prospectiva”.

Otras ideas relevantes de estos economistas

Entre los conceptos relacionados con este enfoque destacan los siguientes:

  • La inflación y los desfases temporales. Los cambios en la demanda no siempre se trasladan de forma inmediata a los precios. La inflación puede responder con cierto retraso, lo que dificulta la aplicación de las políticas de estabilización.

  • La brecha de producción. Este indicador permite evaluar las presiones de la demanda y el grado de utilización de los recursos productivos. Las políticas de estabilización buscan reducir las desviaciones excesivas respecto al nivel potencial, aunque una brecha igual a cero no garantiza por sí sola la estabilidad económica.

  • El papel de los tipos de interés. Los bancos centrales pueden estimular o reprimir la actividad económica ajustando los tipos de interés, en lugar de hacerlo simplemente mediante la cantidad de dinero en circulación.

Dotación del Premio

El Premio Nobel de Economía está dotado con 12 millones de coronas suecas, lo que equivale a aproximadamente 1,2 millones de dólares o 1,1 millones de euros.

Está cuantía deberá repartirse entre los dos galardonados.

 

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