Jean-Claude Trichet va a pasar a la historia como el presidente de un Banco más comunicativo. Y también por uno de los que más se ha preocupado por dejar un buen legado. David Marsh cuenta en MarketWatch que, más intensamente que muchos de sus colegas de profesión léase Alan Greenspan, Ben Bernanke, Karl Otto Pöhl o Mervin King-, el hasta el lunes presidente del BCE ha capeado como nadie el arsenal de ataques y críticas por parte de la prensa durante los ocho años que se ha mantenido en el cargo por lo que es difícil pensar que su sucesor, el italiano Mario Draghi, vaya a ser tan locuaz como él, sobre todo, teniendo en cuenta sus orígenes.
Trichet ha hecho muchos esfuerzos para forjarse una leyenda como predicador aplicado en los problemas de la Zona Euro. Ya alertó en 2007-08 que no estábamos prestando demasiada atención a los riesgos y que la repreciación llegaría tarde o temprano, y convirtió la palabra complacencia en uno de los vocablos más recurrentes en entrevistas e intervenciones. Pero en toda esta historia, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Y Trichet no es la excepción. La versión no autorizada cuenta que hasta el propio presidente del BCE apoyó en su momento al fenómeno que, como más tarde se haría evidente, plantó las semillas de la crisis actual.
Por ejemplo, se hizo un flaco favor al insistir en sus comienzos que era el principal responsable de la santidad de la divisa europea. Como parte de su lucha interna con Jean-Claude Juncker, responsable del Eurogrupo, hizo creer de forma errónea que el BCE lo tenía todo bajo control. Y ayudó, de forma cuestionable, a evitar la preparación de un plan político en el caso de que estallara una crisis. Mirado ahora con perspectiva, podría decirse que el presidente tuvo un comportamiento despótico, y que incluso le costó alguna reprimenda por parte de aliados como Edouard Balladur, antiguo primer ministro francés. Ahora, paradojas de la vida, y cuando los problemas de verdad acechan al Euro, parece que la responsabilidad última recae en los gobiernos de la Zona.
También hemos visto un cambio desde sus comienzos en el tema de los bonos. Si bien al principio se vanagloriaba al atribuir la caída brusca en la rentabilidad de los bonos de los países más endeudados al funcionamiento eficaz de la política monetaria del BCE, no parece tener la misma opinión en las últimas entrevistas concedidas, reconociendo, aunque no con estas palabras, que eso es algo que escapa del control de la principal entidad monetaria europea.
El éxito tiene muchos padres; el fracaso, ninguno. Está claro que sería ridículo atribuir a Trichet y al BCE la responsabilidad única de todos los problemas del Euro. Trichet merece elogios por su labor y por apoyar las medidas ordenadas por la entidad en los últimos cuatro años y medio, duros años golpeados por una crisis que hoy día todavía colea. Pero será igualmente absurdo no atribuirle parte de culpa por aquellas políticas que en su día respaldó de forma imprudente y que ahora seguramente preferiría olvidar.
EUROPA SIGUE EN POSITIVO
Europa mantiene el buen tono que arrastra desde ayer con motivo de los acuerdos alcanzados en la Cumbre de Bruselas. Un día en el que destacan los bancos nuevamente y las automovilísticas, beneficiadas por los buenos resultados de Renault.
Edmund Shing, estratega de renta variable de Barclays Capital, anticipa una recuperación todavía mayor de cara a la Cumbre del G-20 que tendrá lugar los próximos 3 y 4 de noviembre. Pero recomienda a los inversores que no quieran actuar de forma demasiado agresiva. Nos encontramos a una semana de otro evento importante. Hasta entonces, podemos seguir viendo subidas. Pero de todos modos, llegados a este punto, necesitamos más claridad y, sobre todo, ver cómo el FMI contribuirá al Fondo de Rescate europeo y cómo países como China o Brasil podrán contribuir también a ello.
Sara Busquets
El legado de Trichet
28.10.2011
Autor: Web Financial Group S.A
Te Puede Interesar
Introduzca su correo electrónico para suscribirse.