Este contenido ha sido elaborado con finalidad informativa y educativa, teniendo la información facilitada en el mismo carácter meramente ilustrativo. La información suministrada no debe en ningún caso considerarse asesoramiento financiero, ni en materia de inversiones, fiscal, legal o de cualquier otro tipo, ni debe ser entendida como una recomendación para realizar operaciones, ni constituirá la base para una toma de decisión en una dirección determinada.
Entender cómo se combinan gestión delegada, activos no cotizados y diversificación en un único vehículo. Valorar qué aporta la flexibilidad en la política de inversión y el posible diferimiento fiscal (en determinados supuestos) en carteras de largo plazo.
Invertir en alternativos vía FIL: guía práctica para el inversor cualificado
La inversión alternativa ha dejado de ser un territorio exclusivo de grandes patrimonios e inversores institucionales para consolidarse, de forma progresiva, como un componente cada vez más presente en las carteras de inversión de largo plazo. En este contexto, los fondos de inversión libre (FIL) están ganando protagonismo como vehículo regulado para canalizar inversión hacia activos no cotizados (infraestructuras, energía, inmobiliario, capital riesgo, entre otros), con una gestión profesionalizada y una operativa adaptada a horizontes largos, especialmente en un entorno marcado por la volatilidad de los mercados y la incertidumbre sobre la inflación. ¿Qué conviene entender —y qué conviene tener en cuenta— antes de incorporarlos a una cartera?
Para entender por qué este tipo de vehículos despiertan interés en el inversor sofisticado, conviene tener presentes tres conceptos: iliquidez (no siempre se puede salir cuando se quiere), valoración (no necesariamente diaria) y calendario de flujos (llamadas de capital y distribuciones).
A diferencia de la renta variable o la renta fija cotizada, la inversión alternativa se apoya en activos no cotizados, cuyo valor no viene marcado por una cotización diaria, sino por la capacidad del activo para generar flujos recurrentes y crear valor a lo largo del tiempo. Infraestructuras, energía, activos inmobiliarios (por ejemplo, superficies comerciales u hoteles en alquiler, residencias de estudiantes) o capital riesgo forman parte de un universo de inversión que puede responder a dinámicas distintas a las de los mercados financieros y que, precisamente por ello, puede aportar diversificación a las carteras.
Descorrelación y diversificación en alternativos: qué significan (y por qué importan)
Uno de los principales argumentos a favor de introducir la inversión alternativa en las carteras es su capacidad para complementar la composición tradicional y ayudar a reducir la dependencia de los ciclos financieros, al incorporar fuentes de retorno potencialmente distintas a las de la renta fija y la renta variable. La exposición a activos ilíquidos, gestionados con una visión de largo plazo, tiene como objetivo mejorar el binomio rentabilidad-riesgo, especialmente en horizontes temporales amplios, si bien su comportamiento puede diferir del de los mercados cotizados.
Esta combinación y potencial a largo plazo ayudan a explicar por qué la inversión alternativa se está convirtiendo en una pieza habitual en las carteras de inversores institucionales y, cada vez más, de inversores minoristas que cumplan los requisitos de elegibilidad establecidos en la normativa vigente. En todo caso, conviene recordar que los FIL están dirigidos a inversores cualificados, que comprendan cómo funciona esta opción de inversión.
Como producto de inversión, los fondos de inversión libre no están exentos de riesgos, incluyendo, entre otros, el de pérdida parcial o total del capital invertido, la iliquidez durante largos periodos y horizontes de inversión a largo plazo. Esta opción está dirigida a inversores que tienen capacidad para asumir los citados riesgos y todos los demás sobre los que conviene informarse con el gestor.
El papel clave de la gestión delegada
La gestión delegada facilita el acceso a este tipo de activos porque permite que un porcentaje del patrimonio del inversor sea administrado por profesionales. En la práctica, aglutinando intereses bajo un mismo vehículo, puede abrir la puerta a oportunidades que, por importe mínimo, condiciones económicas o tipología de inversor, resultarían inaccesibles de forma individual.
Este enfoque es especialmente relevante para construir carteras diversificadas en alternativos, donde suele ser necesario contar con varias inversiones distintas para equilibrar riesgos sectoriales, geográficos y temporales. La gestión delegada no solo ayuda a salvar esta barrera de entrada, sino que también puede simplificar la operativa, unificando reporting, tesorería, llamadas de capital y distribuciones en un único vehículo.
Ventajas específicas del FIL como vehículo de inversión
En cuanto a gestión, el fondo de inversión libre puede aportar, además, una mayor flexibilidad en la política de inversión frente a otros vehículos, permitiendo ejecutar operaciones que, por tamaño o sector, podrían estar más limitadas en estructuras con un marco de actuación distinto. Para las personas físicas residentes fiscales en España, el FIL ofrece también la posibilidad de diferimiento fiscal en determinados supuestos, siempre que las aportaciones y reembolsos se realicen mediante traspasos desde o hacia otros fondos de inversión y conforme a la normativa vigente.
Este mecanismo puede permitir al inversor diferir la tributación de las plusvalías hasta el momento de la desinversión final y facilitar la reorganización de carteras, siempre en función de las circunstancias concretas y del marco normativo aplicable. En todo caso, el tratamiento fiscal dependerá de la situación personal de cada inversor y de la normativa vigente en cada momento.
En el mercado español, Bankinter Investment SGIIC, la gestora especializada del Grupo Bankinter se centra en inversión alternativa y mercados privados.