La liquidez es un pilar para cualquier negocio. Hay pymes con buenas cifras de facturación y un modelo de negocio rentable que pueden atravesar dificultades por falta de liquidez. Por ello, una buena gestión del capital circulante resulta clave para sostener la actividad y el crecimiento de la empresa.
¿Qué es la gestión del capital circulante?
El capital circulante, también conocido como capital de trabajo o working capital, es el conjunto de recursos financieros que una empresa necesita para desarrollar su actividad diaria. Gestionarlo correctamente implica equilibrar las partidas de corto plazo para hacer frente a las obligaciones más inmediatas sin comprometer la operativa.
¿Por qué es importante la gestión del capital circulante para una pyme?
Uno de los principales retos es el desfase temporal entre cobros y pagos. Desde que se paga la materia prima o el inventario hasta que se cobra la venta al cliente transcurre un tiempo que debe financiarse de forma eficiente.
Además, aunque en España el límite legal de pago en el sector privado es de 60 días, los plazos reales pueden superar los acordados, lo que puede presionar la tesorería de las pymes proveedoras. Contar con un circulante saneado también proporciona mayor margen para afrontar imprevistos y aprovechar oportunidades de negocio.
Componentes del capital circulante
La gestión del capital circulante busca equilibrar los activos corrientes (recursos líquidos o realizables) y los pasivos corrientes (obligaciones de pago a corto plazo). Sus principales componentes son:
- Fondos y equivalentes de tesorería: El dinero líquido necesario para afrontar gastos como nóminas, alquileres y facturas.
- Cuentas por cobrar: Facturas emitidas y pendientes de cobro. Reducir los plazos permite disponer antes de esos recursos.
- Inventario: Materias primas y productos en los que ya se ha invertido dinero, pero que todavía no se han vendido. Mejorar su rotación ayuda a liberar capital.
- Cuentas por pagar: Deudas y obligaciones a corto plazo con proveedores y acreedores. El objetivo es equilibrar los plazos de pago sin reducir innecesariamente la liquidez ni deteriorar la relación con los proveedores.
¿Cómo podemos medir el capital circulante?
Para conocer la evolución del capital circulante y poder anticiparse a posibles tensiones de liquidez, conviene controlar dos indicadores principales:
1. Ratio de capital circulante o de liquidez
2. Ciclo de conversión de caja (CCC)
Mide en días el tiempo que transcurre desde que la empresa invierte en el ciclo de producción o compras hasta que recupera esos recursos mediante el cobro de la venta.
CCC = DSO + DIO - DPO
Sus componentes son:
En términos generales, reducir el CCC permite acortar el tiempo durante el que los recursos permanecen comprometidos en el ciclo operativo y puede reducir las necesidades de financiación.
4 estrategias para optimizar la gestión de circulante
Para controlar el ciclo de conversión de caja es necesario actuar sobre existencias, clientes y proveedores, además de mantener una adecuada planificación de tesorería.
1. Controlar y reducir el plazo de cobro (DSO)
Cuando los periodos de cobro superan los pactados, pueden aplicarse distintas medidas:
• Digitalizar y automatizar la facturación.
• Incentivar el pronto pago mediante políticas de descuento para los clientes que adelanten sus pagos.
• Sistematizar el recobro con protocolos de seguimiento de vencimientos y reclamación de facturas cuando se produzcan retrasos.
2. Negociar plazos con proveedores (DPO)
Alargar los plazos de pago de forma unilateral puede deteriorar la relación con los proveedores y afectar al suministro. Una alternativa es utilizar herramientas que permitan ordenar estos pagos.
El Confirming permite a la empresa gestionar sus pagos de manera planificada a través de su entidad financiera y ofrece a los proveedores la posibilidad de anticipar sus cobros.
3. Ajustar la rotación de inventario (DIO)
El stock inmovilizado mantiene recursos comprometidos mientras los productos no se venden y puede generar costes de obsolescencia.
Utilizar herramientas de previsión de la demanda basadas en históricos de ventas puede ayudar a ajustar las compras, mientras que revisar periódicamente las referencias de baja rotación permite identificar el inventario que permanece almacenado durante más tiempo.
4. Trabajar con presupuestos de tesorería dinámicos
Los modelos de previsión de tesorería continuos (rolling forecast) permiten actualizar periódicamente las previsiones y trabajar con distintos escenarios para anticipar posibles necesidades de caja.
Incluso con una buena gestión del circulante pueden surgir necesidades puntuales de financiación adicional. Si tu empresa busca cubrir desfases entre cobros y pagos, afrontar una fase de expansión o reforzar su liquidez, consulta las soluciones de financiación de Bankinter.