El mito de la independencia de los hijos


02.09.2015

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Una cuestión en el debate público es el papel de los jóvenes como sujetos y actores de la economía.

De un lado se hace énfasis en las altas tasas de paro que padecen, de otro se recuerda que al ser los garantes de las pensiones futuras las bajas tasas de natalidad actuales las pueden hacer insostenibles.

Ambos aspectos son dos caras de la misma moneda. Hay una correlación entre la emancipación laboral y la emancipación familiar, y, obviamente, entre esta última y la tasa de natalidad.

Pero sin llegar tan lejos, la emancipación de los jóvenes tiene una incidencia directa e inmediata en el mercado inmobiliario, clave en nuestra economía. Si son menos los jóvenes que se independizan de sus familias menos serán las viviendas que se vendan, y esto es muy importante en un país donde se calcula que hay más de un millón de viviendas vacías.

Algo que comprobamos por experiencia es que la estancia de los jóvenes en sus familias se está alargando más de lo que estábamos acostumbrados y su causa se atribuye al ciclo económico. Al crecer menos la economía, o al entrar en recesión, se crean menos puestos de trabajo y los jóvenes se quedan o vuelven a casa, de tal forma que a menudo se dice que una gran parte de lo que serían las obligaciones del estado del bienestar recae sobre las familias.

Pero observando el fenómeno con perspectiva histórica caben dudas de que sea exclusivo de nuestros días.

Actualmente aumenta el interés por los jóvenes que tienen 30 años y mas, denominados los "jóvenes del milenio" o "Millennials", porque se acerca el momento en que llevarán las riendas económicas de nuestra sociedad de forma plena.

Un reciente informe “Más Millennials viven con la familia a pesar de la mejora del mercado de trabajo”, del Pew Research Center, hacen énfasis en la percepción de que los Millennials tienen dificultades para independizarse y crear sus propios hogares. Aunque han vuelto a tener las posibilidades de empleo de antes de la crisis el estudio muestra que ha descendido el número de ellos que viven de forma independiente (independencia que se define como ser propietario de una casa).

Según el Informe, en 2015, el 67% de los jóvenes de 18 a 34 años de edad viven de forma independiente, en 2010 vivían el 69%.

Pero estos datos pueden interpretarse desde otros puntos de vista, como lo hace el artículo “Los Millennials no inventaron vivir de las rentas”.

Sostiene que quizás lo equivocado no sea la actitud de estos jóvenes sino la expectativa social que juzga “normal” que los jóvenes adultos rompan lo antes posible con sus padres y basa esta hipótesis en una investigación de datos históricos que cuestionan lo que entendemos por la familia "normal".

Se ha comprobado que solo a partir de mediados del siglo XX se fue imponiendo el modelo de familia nuclear, en el que los jóvenes adultos viven lejos de sus padres.

En todos los periodos anteriores la situación no fue esa. En 1850, por ejemplo, alrededor del 80% de los estadounidenses blancos de 50 a 54 años (por entonces unos ancianos) vivían con sus hijos, es decir, la familia multigeneracional era casi universal.

Muchos imaginaremos que en aquella época la generación adulta joven era la que apoyaba y ayudaba a sus padres ancianos, lo contrario de lo que ocurre ahora.

Pero la realidad no fue así. Según el censo de 1880 la familia multigeneracional típica consistía en padres sanos mayores con hijos adultos. Los padres ancianos eran realmente los cabeza de familia y mantenían en sus hogares a sus hijos adultos.

Este hecho tiene una primera explicación, la mayoría de los estadounidenses vivían en granjas, y sus hijos adultos les ayudaban a trabajarlas hasta que morían y las heredaban. A primera vista la familia multigeneracional sería atribuible a  esta sociedad agrícola hoy desaparecida.

Pero la historia es aún más compleja. En el censo de entonces se preguntó por las ocupaciones de los miembros de las familias. Los investigadores eliminaron de estos datos a las familias granjeras y estudiaron a las personas con ocupaciones de más ingresos y en medios urbanos y descubrieron que eran las más proclives a tener familias multigeneracionales.

Así, en el siglo XIX, la realidad familiar era que los hijos adultos vivían con sus padres porque si se mantenían cerca de ellos tenían acceso a más recursos de lo que podían conseguir por su cuenta.

Este modelo empezó a desaparecer en el siglo XX en que fue apareciendo el modelo de familia nuclear. 

Así, “para la tranquilidad de los Millennials y de sus padres”, en la historia de los hogares de EE.UU. las familias multigeneracionales son lo “normal” y las familias nucleares “la excepción” de los cincuenta años del periodo de postguerra. Aún es demasiado pronto para saber si los resultados del estudio del Pew es o no el augurio a una vuelta al antiguo modelo de vida familiar.

Este artículo nos recuerda

1) que los modelos de familia, como todo, evolucionan por causas que se pueden conocer;

2) utiliza este argumento para comprender mejor lo que está pasando en las familias sin recurrir a críticas simplistas a toda una generación; y

3) tiene la cualidad de abrirnos interesantes interrogantes como, por qué la familia cambió del modelo multigeneracional al nuclear (¿un periodo económico expansivo en el que  los hijos no necesitaron de sus padres?) y , sobre todo, si la familia nuclear es la del futuro o no con las consecuencias económicas que ello tiene.

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