La carrera intelectual, política y profesional de Álvaro Nadal Belda se puede caracterizar con una sola palabra: brillantez.
Nació en Madrid en 1970 acompañado de su hermano gemelo Alberto, con el que compartió estudios y, de manera muy estrecha, carrera profesional y política.
Ambos hermanos estudiaron en ICADE la especialidad conocida como E3, que comprende las carreras de Derecho y Administración y Dirección de Empresas.
Nada más acabar la carrera se opositó a Técnico Comercial y Economista del Estado (oposición que preparó mientras estudiaba la carrera) y con tan solo 24 años sacó el número uno, ganando por los pelos a su propio hermano (la leyenda aún no ha confirmado qué distinguió el examen de cada hermano).
En medio de otros avatares tuvo tiempo para estudiar organización industrial en Harvard con una beca Fulbright.
Muy pronto entró en política y se convirtió en el responsable del programa económico del PP.
Ya antes de ocupar cargos de responsabilidad en la Administración Pública, y durante el desempeño de algunos de ellos, cuando aún era muy joven, se produjeron algunas anécdotas que indican su valía y el prestigio del que gozaba: los ministros económicos querían a toda costa que estuviera en sus equipos y se cuenta que uno de ellos le pasó a otro, por debajo de la mesa del mismo Consejo de Ministros, una nota diciéndole que le venía muy mal que se llevase a Álvaro, es decir, le advertía de que no se lo ”tocase”.
Quizás para evitar estas disputas y celos ministeriales, la mejor opción fue la que finalmente ocurrió: fue nombrado jefe de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno en 2011, cargo que ocupó hasta 2016. En este puesto le toco lidiar con un tema casi trágico como fue el rescate de España del 22 de julio de 2012. Muchos analistas afirman que fue el encargado de convencer al Presidente del Gobierno para que lo aceptase.
Posteriormente, fue nombrado Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital donde se desempeñó hasta 2018.
Después de ejercer como Consejero Económico y Comercial de la embajada española en Londres, el Gobierno lo nombró Director Ejecutivo del Banco Africano de Desarrollo (BAfD) una entidad que tiene un objetivo de gran relevancia, ya que financia proyectos para el desarrollo del continente y la erradicación de la pobreza.
Sobre la geopolítica ha dejado claro que se está imponiendo sobre la economía y la geoeconomía. “El sistema económico se está definiendo cada vez más por bloques ideológicos y afinidades políticas”. Como ejemplo de este cambio pone la guerra de Ucrania y el conflicto de Oriente Medio.
Esta importancia de la geopolítica tendría varias consecuencias importantes, entre las que destacan la ralentización de la globalización o integración económica entre países y la “vuelta a casa” (o a lugares próximos o afines) de determinadas partes de las cadenas de valor.
Simultáneamente, a este proceso geopolítico, y muy intricado con él, estaría la nueva revolución digital protagonizada por la IA, cuya incidencia puede ser tan grande que es difícil de predecir, aunque sin duda mejorará la productividad. La nueva revolución tecnológica, que está en el centro de la batalla geopolítica, tendrá un efecto paradójico dado que permitirá la realización de muchos trabajos desde cualquier parte del mundo.
Sobre la energía, Nadal ha hablado como el gran especialista que es. No hace mucho tiempo declaró: "las políticas por el cambio climático nos harán más pobres, viviremos peor".
Para Nadal el tema clave de la economía es la competitividad que en los últimos años se ha visto relegado por otros como «la inclusión y el cambio climático». «Las economías prosperan por la competitividad. Un país es próspero y rico si fabrica bienes y servicios que el resto del mundo quiere comprar». «El eje de crecimiento de un país es su exportación y en España la inmensa mayoría de la exportación la hacen las empresas de tamaño mediano».
Dos temas estrechamente vinculados a la productividad son el de la jornada laboral y el salarial (dos caras de la misma moneda). Nadal no es partidario de la reducción de la jornada laboral, “esta iniciativa es una mala idea y nos tenemos que acostumbrar a que para que suban los salarios tiene que aumentar la productividad».
En su momento, Nadal fue un firme defensor de las políticas económicas del presidente Biden que subvencionaban la industria de las energías renovables y la investigación en las mismas, mientras que la Unisón Europea se centra en algo contraproducente. A juicio de Nadal, el ejemplo más claro de esas políticas contraproducentes sería el cobro de derechos de emisión que encarecen los precios de la energía. "La Unión Europea tan solo representa el 10% de las emisiones globales y España, el 1%, porque es el 10% de Europa. Tenemos que entender que apostar por la transición energética equivale a empobrecernos, a vivir peor, y eso no lo hemos explicado bien. Y aunque valga la pena, aunque nos empobrezcamos, ¿podríamos resolver algo a nivel mundial sin contar con estos países?".
Su opinión favorable sobre Biden se ha tornado más crítica con Trump, quien, a su juicio, ha alterado el orden mundial que los propios EE.UU. afianzaron después de la Segunda Guerra Mundial, obteniendo con ello «un buen beneficio, pero no excesivo. Soportable para el resto de la comunidad internacional». Una de las ventajas que obtuvo EE.UU., y que ha mantenido hasta el presente, fue lograr que el dólar se convirtiese en la moneda de las transacciones internacionales, «ser una moneda de reserva significa que yo soy el banquero del mundo. EE. UU. compra bienes y servicios sencillamente imprimiendo dólares». Teniendo esto en cuenta, Nadal no entiende por qué Trump ha decidido poner “todo esto patas arriba”. La crítica de Nadal a las políticas de Trump tiene como eje fundamental un concepto básico de su concepción económica: «una economía es eficiente y mejora si es capaz de intercambiar a precios libres», y, por ello, está en contra de las medidas arancelarias de la administración estadounidense que serían una forma de intervencionismo estatal que vulnera el libre mercado.
Para Nadal la clave del déficit exterior de la economía de EE.UU. no está en lo que dicen Trump y sus asesores, que el resto de los países los estafan, sino en la diferencia entre lo que invierte y ahorra el país. «Los americanos ahorran poco, pero su Estado nada, y además tienen grandes posibilidades de inversión tecnológica, por lo que si hay mucho donde invertir y poco ahorro, la diferencia son los recursos que obtengo de fuera, que es mi déficit exterior que es lo que dicen que tienen que corregir». Optar por los aranceles como solución es una gran equivocación, «sabemos que los aranceles perjudican a los países que los ponen».
En todo caso, Nadal nos tranquiliza sobre el efecto que los aranceles de Trump tendrán sobre España. Las exportaciones a EE.UU. representan el 5% del total de nuestras exportaciones. «No nos vamos a arruinar si los americanos dejasen de comprarnos, que no lo van a hacer», ya que los principales destinos de nuestros productos son países europeos: Francia, Alemania, Italia, Portugal, Reino Unido… A este respecto, conviene recordar que las exportaciones españolas de servicios de marketing, ingeniería o logística o consultoría, son cada vez más potentes.
Respecto al momento económico actual, valora que se han despejado las incertidumbres que existían el año pasado: crisis energética, inflación, altos tipos de interés… “Los malos augurios no se han cumplido. La economía crece, la inflación baja, pero aún queden problemas... El sector exterior está contribuyendo al crecimiento de la economía…, la economía española está en una situación muy buena y (para que perdure esta senda) debe buscarse la concertación social, ya que hay que ganar competitividad. El apoyo al sector exterior es uno de los grandes retos de la política económica”.
En definitiva, Nadal advierte sobre el exceso de optimismo si solo nos atenemos a los datos macroeconómicos: hay problemas de fondo, algunos no estrictamente españoles, pero que sí pueden afectar a nuestra economía negativamente. Además de los geopolíticos y los relacionados con la IA, estarían el envejecimiento de la población, la falta de mano de obra que ya se deja sentir en algunos sectores y profesiones o la polarización política.
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